De reyes y fantasías.

Quizás fueron los sueños extraños de mi madre, que sufrió mientras estaba yo en su vientre. Soñaba que caminaba por un bosque, en pleno invierno, mas no sentía frio. Iba desvestida, y las piedras del suelo no lastimaban sus pies. Los altos arboles la torturaban con sus miradas y ella se desesperaba por salir de allí.

Pronto se encontraba con un rio, sin dudarlo empezó a caminar hacia el mismo, en el momento que el agua tocaba su panza de nueve meses ella olvidaba la mirada de los árboles, el miedo de lo desconocido que no se había atrevido a reconocer y entonces se sumergía.

Pero cuando abrió los ojos bajo el agua, unas orbes amarillas la miraban fijamente. Y cuando abría la boca para gritar, despertaba.

Mi mamá tuvo el mismo sueño durante todo el embarazo, lo que más le preocupaba es que siempre este terminaba igual, y que en este su panza era más enorme de lo que era en la vida real.

“Tenía miedo de que el monstruo rasguñara mi pancita. “me explico la primera vez que me relato el sueño.

Ahora, sé que hay explicaciones científicas para sueños tan extraños, o me imagino lo que un psicólogo diría. Que quizá el monstruo en el lago era yo, o el miedo de ella ante una nueva etapa en su vida.

Ahora , sé que todas esas explicaciones son pura mierda ¿Saben que es lo que creo? Ese sueño se lo cause yo, porque desde que era un feto estaba más loca que una cabra. Pronto entenderán esto a través de mis acciones.

A los tres años mi abuela me descubrió intentando poner el destornillador de mi tío en un enchufe. La anciana grito tan fuerte que se quedó sin voz una semana, y me puso en un rincón mirando la pared. Pared la cual pinte de rojo, y escribí la una palabra cuyo significado no comprendía pero mi tío me había enseñado a escribir.

“Esto escribilo cuando estés en el jardincito y las profesoras te molesten, nena.”

P-U-T-A.

Según cuenta mi tío escribí la misma palabra una y otra vez , incluso me subí a un banquito para escribir arriba de la palabra anterior cuando mis manos ya no daban para más.

Mi abuela no pudo gritar, pero bien que me llevo al cura del barrio quien me puso agua bendita en la frente y hablo con mi madre, quien dijo.

“Ella es así, padre, tiene mucha energía, es muy despierta”

Mi tío simplemente rio y me saco de la iglesia, comprándome un helado en el camino a casa. Eso sí, no volvió a dejar la caja de herramientas a mano.

La historia no termina allí, al día siguiente agarre mis cartas de Pokémon que mi padrino me compraba a la salida de su trabajo y empecé a quemarlas en el fuego que había prendido mi abuela para que en palabras mías “ el montuo aparezcaz.”

Otra vez me pusieron en el rincón, y pusieron una barra de plástico para bebes en la puerta de la cocina.

Creo que vi a mi tío caerse por culpa de la  barrera al menos ocho veces, porque tenía que acordarse de correrla luego de abrir la puerta, y todas esas veces yo me reía a carcajadas.

Llego el momento de explicarles, nací en Santiago del estero un día de marzo de 1996. Hija de Dolores Gallardos y un padre que escapo el día que ella dio a luz. Desde bebe escuchaba a mi abuela decirle lo mismo una y otra vez a sus amigas “si tanta plata tiene el padre de la niña, al menos debería habernos dejado algo el miserable…” Luego comprendí el resto de la historia, pero eso viene después.

Mi tío, hermano de mi mama, ocupo el lugar de padre. Cuando él y mi mamá trabajaban en la fábrica, mi abuela me cuidaba en la casa que mi abuelo construyo poco antes de que muriera en un choque de ferrocarriles.

Extraño, lo sé, al parecer el viejo iba fumando y paro un segundo en medio del riel para prender otro cigarrillo y ahí BAM se lo llevo el tren.

A mi abuela no le gusta hablar del tema.

A los cuatro años ya sabía leer y escribir, todo gracias a mi tío, él se sentaba conmigo al final del día a leerme cuentos infantiles, pronto no fue suficiente para mí y tuvo que enseñarme. Antes de que todos pudieran asimilarlo, ya le leía el diario a mi abuela todas las mañanas.

Pero mi amor eran los libros de fantasía.

Y así empezó mi tortura.

Los libros empezaron a acumularse en mi habitación, debajo de mi cama, en los libreros que lograron instalarme, con los pasos de los años quedaron repletos. No quería juguetes, quería libros.

Mi mamá no entendía mi fascinación, pero la fomentaba en su sueño de que estaba criando a la próxima Isabel Allende. Lo cual, lo siento mamá, no fue así.

Mi mente empezó a llenarse de lugares imaginarios a los cuales podía acceder con solo mover mis ojos sobre las letras, sobre compañeros cuyas amistades eran a pruebas de acero, y yo los creía reales.

Cuando mis ojos se cansaban de leer, saltaba por mi habitación y llamaba sus nombres, mi cuarto se transformaba en esos lugares maravillosos sin límites.

Y aquí es donde todo se vuelve agridulce, no sé dónde nacio, pero lo que les cuento es cierto. En mis libros había reyes, cuyos hijos iban a pelear en nombre de ellos, en nombre del honor de la familia.

Y yo imaginaba un rey como mi padre, un rey quizás que no podía reconocerme aun como hija legitima, pero yo luchaba por mi puesto legítimo.

Cuando mi madre escucho lo que hablaba en mi habitación en medio de juegos, los libros dejaron de aparecer en mi habitación.

Entonces lo busque en la realidad.

Le pregunte a mi padrino , sus respuestas fueron vagas y llenas de miradas incomodas “Princesa, a tu mama le duele que preguntes por tu viejo, no me pongas en el medio.” Y así el seguía poniendo la mesa para el desayuno.

Mi abuela nunca fue de cuidar sus palabras, así que se metió en la conversación antes de que yo abandonara la sala “ Ve a buscarlo afuera, niña, no está lejos ese muchacho sin corazón”

Desayune en silencio, mi madre ya había vuelto de comprar pan, y ninguno de mis familiares quiso hacer mención de la conversación que acabábamos de tener, así que cuando luego de desayunar sali a la calle nadie dijo nada.

Imagine que estaba entrando al clímax de la historia, que estaba por enfrentarme al  dragón cuyo tesoro seria solo mío. Que finalmente estaba en la batalla que me llevaría al trono que  me correspondía por sangre.

Primero, le pregunte al comerciante de revistas.

“¿Dónde está mi papa?”

Pobre don Omar, se puso rojo de la vergüenza y apunto hacia la izquierda.

Segundo, le pregunte al señor asiático cuya tienda siempre tenía las ultimas figuritas de Pokémon.

“¿Dónde está mi papa?” él apunto cruzando la calle.

Mi mama me enseñó a mirar antes de cruzar, así que obedecí sus indicaciones, aunque nunca nadie iba por mi barrio.

Llegue a la casa frente a la cual siempre pasaba antes de ir al jardincito, moviendo un palo frente a mi como si fuera una espada, tirándole la cola a un gato negro como si fuera una fiera a la cual tenía que domar para que fuera mi compañera.

Era una mansión, al menos así lo parecía para mí, de ballas negras y un patio delantero lleno de flores coloridas. La casa tenía tres pisos, y unas puertas de madera que se parecían a las de la iglesia que mi mama me llevaba los domingos.

Golpeé los barrotes de la entrada con el palo que había levantado.

“¡Hola! ¿Aquí está mi papá? “Pregunte una y otra a vez hasta que una señora salió de la casa, y con tres zancadas de sus piernas largas estaba en frente de mi con los barrotes de por medio.

La señora no se molestó en agacharse para mirarme bien, sus ojos azules se clavaron como dagas en los míos a través de los cristales de sus anteojos ,luego de unos segundos de mirarme bien dijo:

“Felipe no quiere saber nada con vos, niña, tampoco con tu madre. Le dimos dinero para que se calle, decile que si volves a aparecer aca, los voy a denunciar por acoso”

Y así se dio vuelta.

Recuerdo que solté el palo, y volví a casa llorando.

Mi madre me acuno hasta que me dormí del cansancio. Eso fue lo único que supe de mi padre, Felipe. Él nunca intento conocerme, y yo tampoco.

Cuando termine el secundario nos mudamos, y nunca volví a pasar frente a esa casa. Me concentre en leer libros de historia, física, y el diario para saber de qué hablaban los adultos.

Guarde mis libros de fantasía en cuatro cajas enormes, y los regale a mi escuela.

A los 16 volví a pensar en el sueño, lo analice una y otra vez. Hasta que deje de intentarlo porque el cansancio me gano. Deje de imaginar los ojos amarillos.

Y así, me volví una mujer.

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Tres.

“Te amo con todo mi corazón” Eso recuerdo que me dijo la última vez que nos vimos. Que todo estaría bien porque estábamos juntos, y que nada podría pararnos. Me abrazo levantándome del suelo y me beso con tanta dulzura que me quede sin aire.

Este amor tan fuerte que hacia que todo a mi alrededor se volviera borroso, y solo pudiera verlo a él, con sus ojos grises y cabello rubio.

Pero de vez en cuando este amor se volvía débil, siempre que estaba ella alrededor, revoloteando alrededor de mi hombre, encantándole con sus palabras y ojos verdes.

Como si yo no estuviera allí, tomándole la mano.

Siempre que yo estaba con él, ella estaba allí. En plena competencia. Y cada día ella se volvía más hermosa, y podía ver como los ojos de mi hombre se transformaban al verla.

Así que hice todo lo posible para mantenerlo conmigo.

Perfumarme.

Amarlo.

Cuidarlo.

Nada fue suficiente, parecía que ella siempre estaba un paso adelante, volviendo nuestra relación débil.

Una noche, decidí sorprender a mi hombre, me vestí con ropa interior de seda, tapando mi cuerpo con un piloto. Entre a su casa con la llave que el me dio y subí las escaleras hasta su habitación.

Él estaba allí…con ella.

Así que tome una almohada y tape la cara de la maldita con ella. La mujer se retorció bajo la almohada.

Pero yo fui la que perdió la conciencia.

Enjaulada.

Me dijeron que haga lo que quiera.

Alguien dígame lo que quiero, me dije.

Me dijeron que ame a quien quisiera.

Alguien dígame a quien amar, me dije.

 

Y así di vueltas.

Tratando de hacer lo que quiera.

Y así di vueltas.

Tratando de amar a quien quisiera.

 

Pero amaba a las personas equivocadas.

Al menos eso decían.

Pero hacia las cosas equivocadas.

Al menos eso decían.

 

Al final pregunte.

¿Acaso no soy libre?

La respuesta fue.

No.

Por tu amor.

Es increíble.

Como una palabra tuya me transformo.

En un ser agresivo.

Es increíble, como un gesto tuyo.

Me transformo.

En un ser cuyo ego esta herido.

 

Quiero satisfacerte.

Quiero herirte.

Quiero que me admires.

 

Soy capaz de destruir la luna.

Solo para que estés en la oscuridad.

Y me busques a mí.

Al lado del sol.

 

Me pides que sea x.

Me pides que sea y.

Y nunca soy igual a nada.

 

Nada en lo que me transforme.

Sera suficiente para ti.

Ninguna ecuación dará resultado.

 

Así que no hago nada.

Y espero tu disparo final.

Que destruirá mis enfermos órganos.

El significado de la perfección.

La perfección significa dolor.

La perfección significa lágrimas.

La perfección significa sangre.

 

Por eso bailo.

Bajo los ojos de aquellos que me admiran.

Por eso bailo.

Bajo los ojos curiosos de aquellos que quieren saber.

Cual será mi siguiente paso.

 

Y quizás por eso sangro.

Porque convertirme en cisne significo.

Romper mis huesos.

Y volver a unirlos.

 

Y quizás por eso lloro.

Porque el cisne negro está detrás de mí.

Esperando tomar mi lugar.

 

Y quizás por eso sangro.

Porque, aunque me sacrifique.

Aunque di todo de mí.

 

No fui lo suficientemente perfecta.

Amor en tiempos de soledad.

 

Mi inseguridad surgió antes de mi primer año de universidad, hasta ese momento había vivido mi vida como cualquier adolescente. Viendo videos en YouTube, yendo a la escuela, hablando de cómo me gustaba Louis de One Direction, y peleando con las personas que creía eran mis amigos.

Nada extraño, nada fuera de lo normal. Vivía mi vida sin preguntarme si perdía mi tiempo o no, sin fijarme en los demás.

Y quizás ese es el problema, al tener una rutina no tenia tiempo para compararme con otros, no tenia tiempo de mirar a mis compañeras y como vivían sus vidas.

Pero cuando terminas el secundario, al menos en Argentina, empiezas a notar como vas encaminando tu vida. Y la vida de los que hasta hace poco llamabas compañeros.

Elegí la carrera de profesorado de ingles sin dudarlo, siempre me había gustado los idiomas en general, pero ese en particular era mi favorito y que con mas facilidad me manejaba.

Con tres meses bajo la manga hasta que tuviera que empezar dicha carrera, pase la mayoría del tiempo en las redes sociales.

Y, oh, fue un error, uno grande.

El 60% de mis compañeras tenia novio, y no tenia miedo de postear fotos besándolos, abrazándolos, haciendo corazones con las manos, y cualquier mierda que se hubiera puesto de moda en Tumblr.

Y entonces vino a mi como un huracán, el miedo, y pequeña envidia. Al verlas poner debajo de cada foto la palabra amor.

Amor.

Amor.

Amor.

¿Ellas ya saben lo que es el amor?

Poco probable me dije, dándome una palmada en la espalda para calmarme. Pero entonces empecé a fijarme particularmente en algunas de mis compañeras.

Camila, nunca me había fijado realmente, siempre tuvo novio. Desde que llego a la pubertad y le crecieron las tetas todos los chicos andaban detrás de ella como abejas buscando polen.

En cambio, yo…a mis 18 años no había dado mi primer beso siquiera. Bueno, al menos que contáramos aquella vez en la colonia de vacaciones, al gordito que compartió un vaso de agua con azúcar conmigo porque nos había bajado la presión.

No, eso no cuenta ,me dije, suspirando y dejándome caer en la alfombra de mi pieza.

¿Y si nunca me enamoro?

¿Y si nunca me caso?

Se que sueno muy susanita, pero sí, quiero una familia. Es uno de mis grandes objetivos. Formar una familia. Y ahora estoy viendo todas las cosas que me impiden eso.

Soy tímida, demasiado tímida.  Pero eso puede solucionarse, el problema es que mi vida social con los hombres es un desastre.

Recuerdo que cuando tenia 16 me gustaba un chico de ultimo año, Federico se llamaba el desgraciado. Y se lo conté a Sofia, cuyo novio estaba en ultimo año también. El chico sin que yo le dijera nada me rechazo a través de una publicación de Facebook.

Y hace poco le dije a Roberto, mi ex mejor amigo, que me gustaba. Grave error, él me rechazo suavemente diciéndome que no le atraía. Todo también a través de Facebook.

Puse mi cabeza entre mis piernas, e imagine que hechizo tendría que hacer para que alguien me amara. No pido mucho, me dije, y en el silencio de mi habitación lo llamé.

Le dije que venga, que me ame de la tarde al amanecer, una y otra vez con besos en el cuello y promesas de amor cantadas al oído como plegarias.

Que cada vez que yo le diga te amo, él me responda con una caricia y una respuesta que llene mi corazón de la sensación gloriosa que es el amor mismo.

Pero cuando abrí los ojos no había nadie, él no estaba a mi lado, nadie vino a amarme. Nadie vino a susurrarme te amo al oído, Y entonces reconocí a la persona en la oscuridad de mi habitación.

La soledad.